La última tarde
CRÍTICA LA ÚLTIMA TARDE. Por John Pacheco
La última tarde, tiene un atrevimiento poco
común para realizaciones peruanas, y es de ser una película que se sustenta
casi exclusivamente en el dialogo en su mayor parte del metraje y si este
atrevimiento es ya demasiado, debemos añadir a esto que dicho dialogo lo
realizan casi exclusivamente dos personas, y para culminar debemos decir que es
peruana, digo esto último por el escaso interés que puede tener nuestro público
a películas nacionales con tales singularidades.
Pero a pesar de estas características
peculiares de la cinta, La última tarde, trasciende, sobresale, no se queda
estancado en diálogos insulsos e inconexos, más bien los diálogos rebelan,
golpean, nos compromete con los personajes, y parece ser que la película no
podría ser contada de otra forma si no a través de los personajes de Laura y
Ramón magníficamente interpretados por Katerina Donofrio y Lucho Cáceres
respectivamente, que fueron una pareja de terroristas que se separaron hace
cerca de 20 años y que las circunstancias los vuelve a unir para concluir con
unos temas administrativos, el retraso en este trámite motiva que “hagan hora”,
caminando por las calles del viejo Barranco, cada uno preguntándose sobre la
vida del otro, contándose sus historias post-separación, buscando respuestas sobre
la ruptura que realizo uno de ellos y enterándose quizá de uno o dos noticias
fuertes.
La última tarde, debe su acierto y encanto
al buen casting que realizaron para encontrar a la pareja protagonista y que
esta pareja transmita no solo en los diálogos y en los gestos, sino hasta en
los silencios, la intensidad dramática necesaria en cada capítulo de la
historia que cuenta.
En cada micro historia que se desarrollaba,
el espectador puede hacerse un trabajo mental de cómo pudo haberse desarrollado
aquella situación que cuenta Ramón o Laura y eso es más enriquecedor, hace
participe al espectador de su drama, sin caer en algún flashback inoportuno que
corte la imaginería del público y que le deje todo “masticado”, a este respecto
me trae a la mente las palabras del director de El silencio de los corderos,
Jonathan Demme cuando narra que pensó en algún momento usar flashback en la
escena que Hannibal Lecter en un largo dialogo le dice cómo fue su pasado a la
oficial Clarice Starling y que esta queda en cuasi estado de shock, el rostro
que puso en ese momento la actriz Jodie Foster, fue memorable y quizá ningún flashback
hubiera llegado a sobrepasar esta mítica escena.
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| La última tarde de Joel Calero |
Aquí comienza el único spoiler, siga bajo su propio riesgo
Tan sólo se le puede reprochar a esta
película el cierre que tuvo, quizá obligado para contentar a un público que
siempre necesita un pretexto, algo tangible para sentir que la película
teniendo o un final triste o alegre se nota que haya acabado, yo me quedo como
final con la escena inmediatamente anterior, en la cual Ramón y Laura, yacen en
la cama luego de haber tenido sexo y que se miran, o miran al vacío, como si se
hicieran la misma pregunta que hiciera Dustin Hoffman en la escena final de El
graduado: Y ahora qué?
La escena final que nos propone Joel Calero
materializa, vuelve tangible la película, y que se separa de ese aura
inmaterial, del tema central que se cuenta en la historia, que es la
separación, la huida de la amada por un ideal que ya no creía suyo, y por ende
dejar todo atrás y comenzar de nuevo, temas recurrentes hoy en día en muchos
aspectos, en la relación de pareja, en el aspecto laboral, también en el
familiar, la escena final propuesta, lo da un cariz quizá más cercano al
policial, algo del cual no se sintió en su mayor parte del metraje y meterlo
así de frente en la parte final, parece hecho de contrabando, por ello me quedo
con la escena inmediatamente anterior, pero a pesar de lo dicho es una muy
buena película que tiene que verse y disfrutarse.
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